ASÍ ERA VENEZUELA

Francisco Pimentel Agostini, Job Pim, uno de las más grandes humoristas venezolanos

 

 

Uno de los precursores del humor nacional: Francisco Pimentel, «Job Pim» ó mejor conocido como «El Jobo Pimentel», el genio del humorismo .

Francisco Pimentel, vio la luz en Caracas el 1 de Septiembre de 1889. Sus padres, le inculcaron  el amor por las letras y por la creación. Ya para 1911, Job Pim con apenas 22 años, escribía una columna llamada «Pitorreos «en «EL Nuevo Diario». En forma de versos, colaboró en «El Universal» y en el imperecedero y celebérrimo «Cojo Ilustrado». Para 1918, funda la revista «Pitorreos», que le vale (dada sus críticas líricas al régimen del Benemérito, ante el cual no pudo permanecer indiferente), su primer encarcelamiento. Dicen que esta primera detención, fue la más terrible de todas en cuanto a penurias, de las tres que padeció a lo largo de la atroz dictadura. En las mazmorras más mugrientas y lúgubres, tuvo que soportar este hombre de bien y de humor (valga el pleonasmo) grilletes de más de 35 kilogramos de peso, y además dormir en el suelo sin ni siquiera una colchoneta, que aliviase el sueño. Junto a Leoncio Martínez en 1923, se encarga de echar a andar una publicación humorística cumbre: «Fantoches».  La última de sus tres prisiones fue en 1928, año más que emblemático y que luego retratara MOS en su primera novela, «Fiebre».

Ninguno de esos sufrimientos, pudo atemperar esa magia bondadosa de su espíritu, aunque si afectó su salud y en grado superlativo. Sus versos (se le llama precursor en este género, que también cultiva en nuestros días «Graterolacho») bien construidos y sonoros, nos transmiten sus pensamientos y angustias, con humildad e irrisión, con la tierna belleza de las verdades más caras.

Posesionado de la Presidencia de la República el General López Contreras, Job Pim es nombrado Cónsul en España, de donde regresa en 1940, bastante enfermo, pese a ello colabora en el periódico humorístico de Miguel otero Silva. «EL Morrocoy Azul». Es clásico un soneto que, escribe acribillando de bromas a la muerte, que tituló Desahuciado, el mismo retrata de cuerpo entero la maravillosa estructura humana de Pimentel:

Para 1942, su salud no da para más y muere un 12 de agosto, rodeado del reconocimiento de los contemporáneos que pudieron leerlo y conocerlo. Dos poetas, delante de sus restos, le dedican un adiós cargado de admiración y pesar.

En la vida hay seres que, semejan a criaturas celestiales, por aquello del desprendimiento hacia sus semejantes, pocos, muy pocos, son tocados además con un refinado talento humorístico, como el desplegado por Job Pim.

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