Hoy los venezolanos recuerdan la aparición de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela.
Patrona y protectora de Venezuela
Cada 8 de septiembre, los venezolanos se unen en una sola voz para celebrar y honrar la aparición de Nuestra Señora de Coromoto, la amada Patrona de Venezuela. Su historia, grabada en el corazón de la identidad nacional, es un hermoso testimonio de fe y un profundo amor maternal que trascendió las tensiones de la época colonial.
Guanare, tierra bendita
Los registros históricos nos trasladan a Guanare, estado Portuguesa, ciudad fundada en 1591. Con la llegada de los colonizadores españoles y la toma del control de las tierras montañosas, allí los Cospes decidieron huir hacia la selva del norte para preservar su libertad.
Esta migración voluntaria dificultaba la labor de evangelización de la Iglesia católica. Entre ellos se encontraba el cacique Coromoto, un líder firme y desconfiado que se negaba rotundamente a convertirse al catolicismo. Para él, la nueva religión no era más que un artificio de los europeos para despojarlos de su cultura y de su sagrado terruño.
Teniendo esto en cuenta, la tradición y los relatos históricos defienden que la aparición de la Virgen fue un hecho estrictamente sobrenatural, completamente ajeno a cualquier estrategia o truco político de Occidente para dominar a los pueblos originarios. Fue, en esencia, un tierno puente de luz tendido directamente desde el cielo.
La Aparición Mariana
8 de septiembre de 1652
El momento cumbre ocurrió el 8 de septiembre de 1652 en medio de la densa selva donde se refugiaban los nativos. Allí, el cacique Coromoto y su esposa contemplaron a una «Señora muy bonita» que irradiaba un aura celestial sobre las aguas de un río. Con dulce autoridad, la Virgen María le habló al cacique en su propio idioma, indicándole que para poder «ir al cielo», tanto él como su tribu debían recibir las aguas del bautismo.
Sorprendido por la majestuosidad de la visión, el cacique relató lo sucedido a su encomendero, don Juan Sánchez. El español, conmovido por el relato, le pidió que reuniera a su tribu en un plazo de ocho días para iniciar la catequesis y prepararse para el bautismo.
A pesar de que muchos indígenas de la comunidad aceptaron con alegría el mensaje de la «Señora del río», el cacique Coromoto sintió que su liderazgo y su soberanía estaban bajo amenaza. Cegado por el orgullo y el temor a perder sus tierras, el nativo se resistió firmemente al bautismo.
La historia nos cuenta que, en un último acto de rebeldía, el cacique intentó enfrentar a la Virgen cuando ella se le apareció nuevamente en su choza. Enfadado, Coromoto intentó atraparla con sus manos, pero la Madre de Dios se desvaneció en el aire, dejando un regalo eterno en el puño cerrado del indio: una sagrada y diminuta estampa con su sagrada imagen, la cual se venera hasta el sol de hoy en el Santuario Nacional de la Virgen de Coromoto en Guanare.
Finalmente, tras ser mordido por una serpiente venenosa en la selva, el cacique Coromoto comprendió el llamado divino, pidió el Bautismo, fue bautizado con el nombre de Ángel Custodio.
Coromoto falleció de viejo, como un ferviente creyente, sellando la paz de su pueblo bajo el manto de la Virgen María.
El Pápa Pio XII en 1950, la declaró la la Virgen de Coromoto Patrona de Venezuela y el Papa Juan Pablo II la coronó en su visita al Santuario mariano en Guanare, Edo. Portuguesa.

