Si hablamos de Cupido, pensamos en ese angelito bebé, tan tierno que tira flechas y lo vemos plasmado en las tarjetas de la celebración de San Valentín, pero su figura es una deidad poderosa y a veces caótica cuyo origen se divide entre dos grandes mitologías.
Eros vs. Cupido
En la mitología griega, era conocido como Eros, una fuerza primordial del universo o el hijo joven y apuesto de Afrodita, por su parte, los romanos lo rebautizaron como Cupido, representándolo como un niño travieso y alado, hijo de Venus (amor) y Marte (guerra), lo cual le da dos intenciones muy distintas a sus fechas, dado que cuenta con 2 tipos, las de oro y las de plomo y cuidado con esta última, aunque tal vez cuidado con ambas.
Flechas de oro: Con plumas de paloma, concedían un amor instantáneo y apasionado.
Flechas de plomo: Con plumas de búho, provocaban indiferencia, odio y el deseo de huir de quien te amaba.
Se le representa con una venda en los ojos para simbolizar que el amor no ve defectos o que es aleatorio. Sus alas representan la naturaleza cambiante del deseo: la libertad de volar hacia otro lugar cuando la pasión se desvanece.
El mito de Cupido y Psique
Su historia más famosa narra su amor por la mortal Psique (el alma). Tras superar pruebas imposibles impuestas por una Venus celosa, los dioses convirtieron a Psique en inmortal para que pudieran estar juntos para siempre, simbolizando la unión perfecta entre el amor y el alma humana.

