El doble terremoto en Venezuela: Sanar dentro y fuera del país

El doble terremoto en Venezuela: Sanar dentro y fuera del país

Primero que todo, quiero decir que esta nota no esta hecha por ningún psicólogo, simplemente intentado resumir cosas que voy leyendo en redes al respecto. Con mucho respeto.

Escribir esta nota no es fácil, nada fácil. El dolor colectivo es una de las pruebas más complejas para el ser humano. La tarde del 24 de junio de 2026 quedó grabada en la memoria de todos los venezolanos, debido al doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela. Mientras a este momento, los rescatistas continúan la incansable búsqueda entre los escombros, miles de ciudadanos enfrentan un colapso emocional silencioso. Aceptar este dolor no es resignación; es validar la herida para poder reconstruir el plano emocional.

Para quienes vivieron los escasos 39 segundos de diferencia entre ambos sismos tanto en La Guaira como en Caracas, el impacto va más allá del daño material:

Hipervigilancia activa: La constante repetición de réplicas sísmicas mantiene al sistema nervioso en alerta máxima, asociando cualquier vibración urbana con un peligro inminente.

La Clínica Universidad de Navarra cun.es señala que «Técnicas de relajación, como la respiración diafragmática y el mindfulness, son útiles para disminuir el estado de alerta excesivo asociado con la hipervigilancia».

El dolor del desarraigo local: El luto por los hogares colapsados y los seres queridos ausentes fractura la noción de seguridad y estabilidad cotidiana.

Explican en un articulo de la web de la Fundación Mario Losantos del Campo fundacionmlc.org «Las víctimas de una catástrofe natural deben hacer frente a numerosas pérdidas en un corto periodo de tiempo: pérdidas personales, pérdidas materiales, de su entorno, etc. Esto les obliga a emprender un éxodo lleno de incertidumbre. Al dolor de la pérdida (de los seres queridos que han muerto, de su hogar, etc.) se suman intensas vivencias de miedo, conmoción, peligro o desorientación».

Si estás dentro del país, has tenido que poner el cuerpo y el alma ante la fuerza de la naturaleza. Vivir el crujido de la tierra y la incertidumbre de las réplicas es una experiencia muy fuerte. A ti, que estás allí, es fundamental recordarte este par de pilares para proteger tu mente:

Tu miedo no es debilidad, es biología: Sentir el corazón acelerado ante un ruido fuerte, tener dificultades para dormir o experimentar una alerta constante no significa que hayas perdido la fuerza. Es tu sistema nervioso procesando un evento extraordinario. No te reprimas; el primer paso para recuperar el control es aceptar que tienes miedo.

En otro artículo de Mental Health America mhanational.org expresan: «Honra y lamenta tus pérdidas. Los desastres son tragedias que pueden arrebatarte amigos, familiares, compañeros de trabajo, vecinos y mascotas. Así que, permítete lamentar. Siente tu pérdida sin intentar reprimir ni reprimir tus emociones. Asiste a los servicios conmemorativos, si los hay, para conectar con tus seres queridos fallecidos».

Enfócate en el metro cuadrado que sí puedes controlar: Tras un evento sísmico, la mente tiende a ver el futuro oscuro. Para frenar la ansiedad, devuelve tu atención al presente: No puedes controlar la geología, ni ningún hecho natural del país, pero sí tienes control sobre cómo respondes hoy para proteger a los tuyos y a ti mismo. En cuento a las réplicas, puedes hacer un plan de evacuación, verificar tus suministros básicos y cuidar de tus reacciones inmediatas.

El venezolano que esta fuera del país, la crisis invisible de la diáspora: El peso de «Hacer vida normal»

El sufrimiento de los millones de venezolanos en el exterior tiene una complejidad particular debido esa especie de «disonancia emocional» en sus rutinas.

Estar físicamente en una oficina o puesto de trabajo en Santiago, Madrid, Miami, New York,  Buenos Aires o Barcelona, cumpliendo con metas y sonriendo a clientes, mientras el corazón permanece anclado al teléfono esperando reportes de la zona del desastre. Es como una especie de «máscara de productividad», que es necesaria, pero que se siente tan extraña. Sentir esa especie de remordimiento interno por estar a salvo, tener acceso a servicios básicos y dormir bajo un techo seguro, mientras en algunos casos inclusive sus familiares o amigos duermen a la intemperie o sufren directamente la emergencia humanitaria.

El camino de la aceptación del dolor no es lineal. Para los venezolanos que sostienen la mirada a la distancia, el proceso de sanación motivacional requiere tres pasos indispensables:

  1. Validar la impotencia: Comprende y acepta que no puedes controlar la geología, ni la distancia. Los terremotos son eventos naturales, que no se pueden predecir. Forzarte a estar «bien» solo cronifica la angustia. Está bien sentir miedo y tristeza, pero el desafío radica en no dejar que estos sentimientos acaparen por completo tu vida.
  2. Rompimiento del aislamiento emocional: Dicen que siempre es bueno hablar de lo que se siente, es decir; exteriorizarlo, para eso sería capaz buena idea charlar abiertamente con la comunidad o buscar soporte psicológico enfocado en emergencias es clave. Expresar aquello de cómo te hace sentir el de tener que continuar la rutina, ayuda a aliviar el peso del corazón roto.
  3. Transformar la culpa (que no es culpa) en utilidad activa: La parálisis emocional no ayuda a quienes están en el territorio. Tu estabilidad física, financiera y mental en el extranjero es, hoy más que nunca, el pilar de apoyo. No eres culpable de nada, pero tú mismo y tus seres en Venezuela te necesitan fuerte y bien.

La historia venezolana demuestra una inquebrantable capacidad de articulación solidaria y admirable resiliencia ante la adversidad. La herida del 24 de junio es muy honda, pero el dolor compartido nos humaniza y nos une. Mantener la cabeza en alto fuera del país no es olvidar la tragedia; es una forma de honrar el esfuerzo de quienes reconstruyen el suelo patrio.