Tradición cafetera vs. Barismo, porque el buen café se sirve caliente

Tradición cafetera vs. Barismo, porque el buen café se sirve caliente

En los últimos años, las cafeterías de especialidad han impuesto del alguna forma una nueva regla, bastante silenciosa: el café se sirve templado, pero es que es un templado a dos segundos de frío, que, si yo quisiera tomarme un café frío, me pido un frappuccino directamente.

Esta “nueva regla” al parecer está respaldada por baristas e influencers, según la premisa técnica que dicta que el calor extremo adormece las papilas gustativas e impide percibir las notas florales y frutales del grano.

A ver, que he tomado buen café recién molido, con grano de altísima calidad, y es delicioso y mis papilas no se duermen, ni que lo estuviera tomando a 150°. (Esta es una crítica bastante personal, pero válida como amante del café).

Que ya estoy cansada de tener que pedir que lo calienten, lo cual es horrible. Más bien, el que siente que le gusta más el café tibio, que lo solicité así, tal y como lo pedimos si queremos con leche de almendras, leche de avena o deslactosado, o que espere un ratito. Que es válido quererlo templado, pero que no sea obligatorio.

El café de excelencia también se toma, y se ha tomado siempre, caliente, bien caliente.

¿Es realmente necesario sacrificar la reconfortante taza humeante en nombre de las tendencias?

Cuando el grano de café es de calidad, un cultivo meticuloso y un tueste el adecuado, los aceites esenciales y los aromas complejos se liberan de forma espectacular a través del vapor. Servirlo caliente no oculta defectos; expande la fragancia, esa tan divina la que nos regala aroma a buen café.

Saludos,

Esta amante del café,

Be.