ARTE & CULTURA

La máscara dorada de Tutankamón, restaurada con «superglue»

La obra maestra hallada por Howard Carter en la excavación de la tumba del faraón en el Valle de los Reyes es el último objeto dañado por la negligencia de las autoridades egipcias.


egiptoConservadores del Museo de Antigüedades egipcias de El Cairo han denunciado que una reciente restauración «amateur» empleó vulgar pegamento para unir la barba al rostro causando un severo daño a la figura.

Empleados del museo, un caótico almacén con polvorientas vitrinas atestadas de objetos, han denunciado al periódico panárabe Al Arabi al Jadid que la figura -uno de los cientos de piezas que componen el tesoro del «faraón niño» (1550 y 1295 a. C.)- fue dañada accidentalmente el pasado año durante los trabajos de limpieza y renovación parcial del complejo, ubicado a unos metros de la céntrica plaza Tahrir de El Cairo. La barba trenzada, de oro y color azul, se separó del resto de la efigie con tocado real del monarca.

Ante el desaguisado, el equipo a cargo de la renovación del museo evitó informar al ministerio de Antigüedades y entregar la figura a un equipo de restauradores siguiendo los procedimientos habituales. En su lugar, según el rotativo, la responsable del remozado del museo llamó a su esposo -empleado también en el museo-, quien decidió resolver la rotura uniendo las piezas con resina epoxi -un vulgar ‘superglue’- muy resistente pero inapropiado para conservar una pieza con más de tres milenios de antigüedad.

Las imágenes que se han difundido de la pieza tras la tropelía muestran los restos del pegamento separando la barba del mentón. «Ahora se puede ver una capa de color amarillo transparente», ha explicado desde el anonimato un restaurador del Museo a la agencia Ap. Al comprobar que el adhesivo había quedado esparcido por zonas limítrofes de la pieza, los trabajadores trataron de raspar el residuo aumentando el daño y arañando la figura.

Detalle de la máscara en la que se puede apreciar el pegamento.
El objetivo era evitar que la pieza, una de las joyas de la colección del ajuar de Tutankamón que alberga el museo, fuera apartada temporalmente de la exhibición. «Desgraciadamente el material es muy irreversible. El epoxi tiene una alta propiedad de fijación y se emplea en metal o piedra pero no creo que fuera adecuado para un objeto destacado como la máscara de oro de Tutankamón», ha señalado otro de los conservadores.

Con más de 100.000 piezas, el museo -la mayor colección de arte faraónico del planeta- guarda el polvo de décadas entre las vitrinas atestadas de ataúdes, estatuillas o vasijas. En sus más de cien salas, un almacén turba al esforzado turista. Desde su inauguración en 1902, millones de amantes de la Egiptología han cumplido con el voto de peregrinar hasta el edificio de estilo neoclásico y fachada salmón que alberga el tesoro.

El año pasado las autoridades anunciaron un proyecto multimillonario financiado por Alemania. Una docena de expertos internacionales trabajará en el radical cambio de imagen de un recinto que no ha sido ajeno al vértigo de los últimos cuatro años. En enero de 2011 los cazatesoros saquearon una de sus salas aprovechando la desbandada policial. Y un mes después el ejército instaló un centro de detención entre los objetos faraónicos.

Según las previsiones del gobierno, parte de la colección que se exhibe actualmente en el museo será trasladada a un nuevo espacio, el Gran Museo Egipcio, que se construye desde hace unos años cerca de las majestuosas pirámides de Giza. Con años de retraso, está previsto que abra sus puertas en agosto de 2015. El macroproyecto, de 117 hectáreas, promete ser el mayor centro en historia de Antiguo Egipto.

 

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