Y nació de un sueño; de ese sueño surgió una pequeña capilla que llevó el nombre del Santo protagonista de esta hermosa leyenda, San Isidro Labrador, patrón de los agricultores y santo muy de la devoción de Don Domingo de Acasusso, dando inicio a la población que mantiene su nombre, que se conoce como tal, desde el año 1706.
Pues si; Don Domingo soñó con San Isidro, del cual era muy devoto, y éste le pidió la construcción de un lugar religioso donde se le recordara y los pobladores pudieran recibir auxilio religioso.
Así se fundó la primera capilla, que con él paso del tiempo fue derrumbada por encontrarse en malas condiciones; y sobre el mismo solar se dio inicio a la preciosa Catedral de San Isidro que hoy conocemos, siendo el orgullo de todos los habitantes del pueblo tan cercano a Buenos Aires Capital, en la misma provincia de Buenos Aires, lugar histórico por excelencia y residencia de familias de altos ingresos económicos.


Sus arquitectos, ambos de origen francés, Jacques Dunant y Charles Paquin, hicieron realidad está lindísima construcción de líneas esbeltas, con una torre principal enorme que llega a alcanzar 68 metros de altura y adornada de exquisitos vitrales.
Está Catedral, totalmente neogótica, tardó 3 años en ser construida, se iniciaron los trabajos de obra en 1885, siendo inaugurada en 1888.
La Capilla inicial había sido el 14 de octubre de 1706.
El año 1957, fue declarada Catedral, y es el orgullo de toda la comunidad sanisidrense, que sienten por ella auténtica veneración.
Este maravilloso templo, situado al norte del Gran Buenos Aires, muy cerca del río de La Plata, está considerado entre los más importantes de la arquitectura argentina.
Verdaderamente una auténtica belleza llena de recuerdos y guardiana de la cultura del país, que es un verdadero cofre de joyas arquitectónicas.
Emblemática y llena de encanto, ahí se encuentra como protectora de la fé católica y símbolo de elegancia y refinamiento.
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