Tomás Marin Delgado, el humor negro hecho teatro

Tomás Marin Delgado, el humor negro hecho teatro

Tomás, un verdadero placer tenerte aquí, encantada de poder conversar contigo, un artista que ha construido un camino tan singular y valioso en las artes escénicas.

Tu nombre, asociado a Fereteatro, al ser su fundador, presentas de manera audaz y contemporánea, puestas en escena con una mirada penetrante a la condición humana y los conflictos existenciales, Para ti, ¿qué tan importante es el humor negro como herramienta?

El humor negro, si te pones a ver, es el más honesto que existe. El humor físico radica en ver caídas aparatosas, el humor de lo inesperado se basa en que algo nos sorprenda, pero el humor negro consiste en decir lo que pensamos sobre las cosas que nos incomodan, que nos duelen, que nos hieren, que nos molestan o que nos dan miedo. Es un poco decir lo que nadie se atreve a decir. Tiene un elemento de verdad que, como herramienta, es maravilloso.

 Y ¿el humor negro como crítica social?

Un poco ligado a la pregunta anterior, creo que el humor negro no se trata de hacer daño, sino de hablar sin tapujos. Una de las cosas que amo del humor negro es que le quita lo solemne a todo, a la religión, a la política, a la sociedad, a la muerte, a nosotros mismos. Me gusta que nada sea sagrado, al menos durante un instante. El humor negro provoca un efecto de distanciamiento que nos permite ver a la vida sin tanto terror o tanto asco.

¿Qué buscas despertar en el público?

La verdad es que nunca me he sentido cómodo o comprometido con la idea de despertar pensamientos o reflexiones en el público. Como escritor, no busco dar un mensaje. Yo no defiendo ninguna causa, ninguna ideología, ninguna postura. Creo que nuestro trabajo es, simplemente, contar historias de la mejor forma posible para que el público se olvide del mundo y se sumerja en ese efecto mágico del teatro durante noventa minutos. Siempre es hermoso cuando el público conecta, se ríe o llora, pero nunca es el objetivo final. El público se lleva lo que quiera llevarse.

¿Cómo surgió la idea de fundar Fereteatro?

– Yo tenía mucho tiempo queriendo formar un grupo teatral, pero las circunstancias no se daban, era como un gran rompecabezas que nunca sabía bien cómo comenzar; pero sí sabía que, si algún día lo lograba, se iba a llamar Fereteatro (es un juego de palabras entre féretro y teatro), ya que representa esa tendencia oscura que tanto amo en el arte y en la literatura. Hoy en día me doy cuenta de que Fereteatro tuvo que esperar tanto para formarse porque yo tenía muchas cosas que aprender y que pulir como dramaturgo y como director.

…el amor al teatro fue como un flechazo fulminante que me volteó la vida.

Colega, estudiaste Comunicación Social en la Universidad Monteávila de Caracas, Venezuela ¿Sientes que de alguna forma influyó esta formación en tu manera de concebir el teatro? Tomando en cuenta que tanto el teatro, como el periodismo comunican.

– Mi historia de la unión de la Monteávila y el teatro es muy curiosa y bonita. Yo estudié dos años de cinematografía, porque quería hacer películas y series, pero el amor al teatro fue como un flechazo fulminante que me volteó la vida. Creo que el teatro tiene ese aspecto ritual y orgánico que al cine le falta. Entonces decidí dejarlo todo y entrar en una carrera que tuviera más salida a lo teatral. Ahí llegué a la Monteávila. Fue una experiencia bellísima como estudiante y, años después, como profesor. Fereteatro siempre le agradecerá mucho a la Monteávila, ya que han pasado (y siguen pasando) actores que son estudiantes y egresados de allí.

Hurgando un poco más en ti, y en tu estilo de obras, te pregunto ¿Te has sentido derrotado alguna vez?

– Creo que todos nos sentimos derrotados a veces. Quizás porque tenemos un mal día, quizás porque tenemos una mala racha. Todos tenemos nuestros momentos de duda y nuestro deseo momentáneo de escondernos bajo la tierra. Lo importante es saber encajar el golpe y seguir adelante.

Siempre he procurado cuidarme mucho del espejismo que es el ego.

En contraposición ¿Y cómo va el ego con todos los logros acumulados?

– Siempre he procurado cuidarme mucho del espejismo que es el ego. De hecho, me burlo muchísimo de la gente de ego inflado que tanto abunda en el pequeño circuito que es Caracas. Yo siento que nosotros no somos artistas, sino trabajadores. Nos esforzamos con compromiso y disciplina en cada ensayo, en cada reunión, en cada entrevista y en cada función. Es una alegría y un privilegio inmenso que cada vez Fereteatro tenga más espacios y plataformas en las que presentarse, y eso es algo que uno sólo puede agradecer, porque es lo que uno ama. Al final hacer teatro es una profesión como cualquier otra, sólo que es la más mágica y divertida del mundo.

¿Tienes algún referente?

Tengo muchos referentes, pero, en este momento, me gustaría citar dos. El primero es Eduardo Sánchez Rugeles, escritor y novelista. Creo que es el escritor que más me ha influenciado, no sólo porque tuve la inmensa fortuna de ver clases con él en el colegio, y de aprender tanto de él, sino porque sus novelas están bañadas de pesimismo, de descontento, de inconformismo y de humor negro. El universo de Fereteatro, repleto de personajes oscuros, peligrosos, turbios, trastornados, resentidos, infelices y tiernos está inspirado en el universo de él.

El otro referente que me gustaría nombrar es Ozzy Osbourne, recientemente fallecido. Creo que es el artista que más admiro y admiraré siempre. Supo crear todo un mundo de raritos, de rechazados y de “freaks”, y abrir una puerta para que tanta gente entrara y se sintiera identificada allí. Además de eso, ayudó a muchísimos otros artistas a surgir. Y vivió y murió por la música. Hizo su último concierto, apoteósico y espectacular, aquejado por el dolor y la enfermedad, y a pocos días de morir, y aún así lo dio todo para su gente.

Tomas Marin Delgado | Foto cortesía

¿Y alguna manía al estilo medias la suerte antes de cada obra?

– Sinceramente, no. Nuestra regla es que, si nosotros nos divertimos, el público se va a divertir con nosotros. Así que nuestra única instrucción es divertirnos antes y durante cada función.

Has trabajado tanto en la dramaturgia, dirigiendo e interpretando ¿En cuál de estas tres facetas encuentras el mayor placer, y en cuál la mayor dificultad?

– Mi mayor placer siempre será escribir. Yo podré delegar todo en Fereteatro menos escribir; con eso sí soy muy celoso. El proceso de tener una idea para una historia, ordenar esa idea hasta hacerla una escaleta y luego escribirla para ver como se transforma en teatro, es magia pura y absoluta. Y el proceso que menos disfruto es el de actuar. Los grandes actores necesitan una sensibilidad emocional que a mí me falta. Además, cuando actúas, no puedes ver tu propia obra, es como ver un cuadro incompleto.

Además escritor, “En caso de infierno, rompa el libro”? cuéntanos ¿de qué va?

 “En caso de infierno, rompa el libro” es un libro que hice poco antes de irme a vivir a Europa. Es un libro de pequeños monólogos en verso de distintos personajes que, al igual que los de Fereteatro, estaban consumidos por la soledad, la tristeza, la depresión, la locura, la desesperanza y la muerte.

¿Cómo fue tu experiencia con la noticia del Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural? Eres el único seleccionado con participación como autor y director con su obra “Manual para fabricar monstruos”.

Fue muy loco, porque recibí la noticia en la clínica, cuando mi papá estaba hospitalizado. Fue una experiencia muy surrealista, porque por un lado estaba con la preocupación de ver la evolución del estado de mi papá, pero, por otro lado, entrar en el festival fue una de las noticias más bonitas de mi vida. “Guía para fabricar monstruos” siento que es la obra más devastadora y espectacular que he creado jamás. Y nos estamos divirtiendo muchísimo en el proceso de montaje.

Una labor reconocida, en Madrid fuiste premiado por “Hoy golpeo mis seis cuerdas”, un poema épico que narra la historia de España desde Don Pelayo hasta Fernando VII. Siendo venezolano ¿Qué tan cercano te sientes con la Madre Patria?

– Cuando fui a España, quería aprender todo del que pensaba que iba a ser mi nuevo hogar. Compré y leí muchísimos libros sobre historia de España, y me empapé muchísimo de la cultura de allá. Cuando se convocó ese premio, estaba en medio de una depresión asfixiante, pero, aún así, logré componer un poema que envié y ganó el tercer premio. España me dio muchos amigos, muchísima experiencia, muchísimo aprendizaje. Vi y leí muchísimo teatro. Conocí autores y grupos extraordinarios.

Creo que una de las cosas lindas del teatro independiente es la diversidad de temas que se tocan.

Desde tu perspectiva, ¿qué papel juega el teatro independiente en la actualidad teatral?

– Creo que el papel que más debería jugar el teatro independiente es el de animar a más personas a que creen teatro, para que se abran más espacios. Creo que una de las cosas lindas del teatro independiente es la diversidad de temas que se tocan. Algunos gustarán más, otros menos, pero lo importante es que el teatro se haga.

¿En qué estás trabajando actualmente?

– En Fereteatro, como escritor, director, productor y profesor.

¿Qué te inspira cada día?

.- Cada ensayo, cada nuevo proyecto, cada idea para una historia. He saboreado cada parte del camino en este sueño de que Fereteatro se convierta en el grupo más grande del país.

¿Cómo te ves en 10 años?

– Espero que aún con pelo. Y espero que aún divirtiéndome.

¿Qué mensaje le darías a quienes quieren hacer teatro, pero aún no se animan?

– Que busquen a sus amigos y hagan teatro donde se pueda. Que se diviertan. Que hablen de temas que realmente los muevan. Que lean mucho.

Una frase para los lectores de LO CHIC revista.

“Somos Fereteatro. Si te sientes triste, raro, molesto o solitario, ésta es tu casa”.

Tomás Marin Delgado.

By: Be Frías.