Fundada en 1811 por Pierre-Nicolas Perrier y Adèle Jouët, sin duda Perrier-Jouët cautiva a todos los amantes del buen champagne con su elegancia atemporal que hace que permanezca a través de la historia conservando su nombre como sinónimo de elegancia ¿algo más chic que tomar una deliciosa Perrier-Jouët? Lo dudo.


En 1842
“Creación del primer champán brut Perrier-Jouët, Cuvée K, popularizando el estilo brut y ganando el favor de muchas cortes reales”.
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1902
“Octave Gallice encargó a Emile Gallé el diseño de la botella de una cuvée Perrier-Jouet: la creación de la famosa botella decorada con anémonas japonesas que se convertirá en el emblema de la Maison.”.
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Belle Epoque
Perrier-Jouët Belle Epoque, nacida en 1964, esta cuvée debe su existencia a Pierre Ernst, enólogo de la casa en esa época, quien decidió crear una cuvée de prestigio para celebrar la calidad excepcional de las uvas de ese año. Elevada en 1969, la Belle Epoque se convirtió desde entonces en el emblema de la casa, reconocible entre mil por sus botellas adornadas con anémonas blancas, diseñadas por el artista Art Nouveau Émile Gallé.

“La naturaleza como fuente de inspiración
Pierre-Nicolas Perrier y Rose-Adélaïde Jouët compartían su pasión por la naturaleza y las artes. Ella era una joven culta, proveniente de una familia de comerciantes normandos; él, un maestro viticultor y botánico. Un año después de su boda, en 1811, fundaron la Maison Perrier-Jouët, fruto de su deseo de crear una casa de champán diferente.
La pasión de los fundadores por el arte, la naturaleza y el champán se ha transmitido de generación en generación. Su hijo, Charles Perrier, botánico al igual que su padre, tomó las riendas de la Maison en 1848. La filosofía familiar de libertad creativa y una observación original de la naturaleza es intrínseca a la historia del champán. Estos valores conforman la Maison Perrier-Jouët hasta nuestros días”.
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«Desde el principio, los fundadores dieron gran importancia a la calidad y la elegancia, lo que hizo que sus champanes ganaran rápidamente reconocimiento y popularidad.
La familia Perrier-Jouët se centró en la innovación y la artesanía. Ya en 1854, la casa fue la primera en producir un champán brut, una versión seca que se diferenciaba de los champagnes dulces habituales en la época. Esta introducción marcó un punto de inflexión en la producción de champán e influyó en las preferencias de sabor en todo el mundo.
Con el paso de los años, la reputación del champán Perrier-Jouët fue creciendo. En 1870, fue reconocido oficialmente por la familia imperial francesa cuando el emperador Napoleón III degustó el champán en un almuerzo en el Guildhall de Londres. Este reconocimiento reforzó la reputación de Perrier-Jouët Champagne como productor de champagnes finos y de alta calidad».
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