¿Quién no ha visto un camafeo aunque sea en películas o fotos viejas, y mejor aun ha tenido alguno en mano? En mi casa, el poder haber tenido la oportunidad de preciar camafeos de la familia, quizás ha hecho que tenga un especial interés en ellos, pero es que realmente fascinan a tantas personas y fueron otrora sin duda un demostrativo de elegancia y glamour.

Camafeos, piezas de joyería con arte e historia
Datando su origen de la antigua Grecia y Roma, también en Persia, donde se usaban como símbolos de estatus y belleza, estas piezas se caracterizan por tener un relieve en una capa de piedra que suele representar retratos, motivos decorativos, e incluso escenas mitológicas.

Siendo óvalos con la tapa tallada en nácar, marfil, ágata u ónix, su valor más preciado no ha estado en el material, sino en su contenido interior. El extraordinario valor de una fotografía o retrato de un ser querido.
Remontémonos a una época en la cual no sacábamos con el celular 100 fotos, a ver cuál queda más linda, de un café antes de postearlo en redes sociales, o podíamos inmortalizar cada risa, momento random, divertido o importante, de nuestra familia, amistades o de los peludos de la casa.
Si tenía la surte de poder tener la foto o retrato de un ser querido, corrías con mucha surte, pues no todas las familias se lo podían permitir. Y muchas veces, el tener esa pequeña, casi diminuta imagen cerca, cuando esa persona no lo estaba o se había ido definitivamente, significaba todo.
Los usos de los camafeos eran variados. Muchas veces se llevaban como collares o broches y servían como símbolos de amor, e incluso protección. También eran regalos muy apreciados en bodas o momentos especiales.

