Ubicado entre las calles Defensa, Estados Unidos, Bolívar y Carlos Calvo, fue obra del conocido arquitecto José Antonio Buschiazzo, el año 1897; este arquitecto nacido en Italia, quien fue el segundo arquitecto que obtuvo su título en Buenos Aires, y su maravillosa construcción de columnas, hierro, vigas y una cúpula majestuosa de chapas y vidrios, ha sido considerado Monumento Histórico Nacional.
Visitarlo es ingresar a un mundo irreal del pasado, atravesar el túnel del tiempo y entrar en una magia del vivir antiguo de los habitantes de la capital.
Fue construido con intención de surtir de víveres al contingente de inmigrantes que entraban continuamente a la zona, y que curiosamente son los antepasados de mucha de las familias hoy en día ya tradicionales, de la sociedad de Buenos Aires y de Argentina en general, que mezclados con otros inmigrantes de distintas nacionalidades y los originales del país, constituyen lo que es hoy la sociedad argentina en todos sus niveles, sociales y profesionales.
Si se quiere conocer verdaderamente Buenos Aires y sus costumbres locales, hay que pasar un día por lo menos por su antiguo Mercado de San Telmo.
Con entradas por diferentes calles del conocido barrio porteño de San Telmo.
Siente uno que se encuentra en el pasado, mezclado con el presente, tiendecitas de todo tipo, objetos antiguos, juguetes también antiguos; vestuario de colección, comidas de los más variados lugares del mundo; olores diferentes de perfumes, gastronomía e inciensos; estar en el Mercado de San Telmo es toda una experiencia extrasensorial; una delicia para los amantes de lo antiguo y de las tradiciones.
Imposible dejar de conocerlo; comer en cualquiera de los sitios divinos que ofrecen verdaderas delicias propias y extranjeras, y comprar lo que puedan desear en esos momentos, para sus hogares o como souvenirs de su paso por la capital argentina.
Sencillamente sensacional.
Volveremos sin duda alguna.
Altamente recomendable.
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