Para ser el anfitrión perfecto, la clave reside en la anticipación y por sobre todo la naturalidad. Esas personas que piensan que lo elegante es ser todo estirado o snob ¡nada que ver! La verdadera elegancia no es rígida, sino que busca que cada invitado se sienta valorado y cómodo desde el momento en que cruza el umbral de tu puerta.

Aquí tienes puntos infaltables de cortesía para tus reuniones sociales:
La Invitación: claridad y tiempo: Un buen anfitrión avisa con antelación suficiente (al menos dos semanas para cenas navideñas). Es fundamental comunicar el dress code para evitar que algún invitado se sienta fuera de lugar, ya sea por exceso o por defecto de formalidad.
Alergias y Preferencias: Hoy más que nunca, la cortesía implica preguntar de antemano por restricciones alimentarias (celiaquía, alergias o dietas vegetarianas y veganas). Nada demuestra más atención que tener un plato alternativo preparado discretamente, sin que el invitado tenga que pedirlo o sentirse una «carga».
El Arte de las presentaciones: Tu labor principal es conectar a las personas. Al presentar a dos invitados, no te limites a sus nombres; si además puedes añadir algún un dato que tengan en común para romper el hielo, maravilloso.
«Fulana, te presento a Mengano; a ambos les encanta la repostería”.
fotografía analógica». Una vez iniciada la charla, retírate con elegancia para atender a los demás.
Nunca una «copa vacía»: Como anfitrión, debes estar atento a las necesidades de tus invitados sin ser invasivo. Vigila que las copas no estén vacías y que la comida fluya, pero evita insistir excesivamente. Según la etiqueta, se ofrece una segunda vez, pero se respeta la negativa tras un «no, gracias».
Los celulares: La mayor muestra de respeto es la presencia plena. Como anfitrión, evita estar pendiente del teléfono o de las redes sociales. Tu atención debe estar en la conversación y en el bienestar de los presentes. Si necesitas coordinar algo (como la llegada de un servicio de catering), hazlo de forma discreta.
El ritmo: Saber cuándo pasar del aperitivo a la mesa, y de la mesa pasar al café y post café es vital. Así mismo, un buen anfitrión perfecto sabe leer el lenguaje corporal de sus invitados: si la conversación decae, es momento de cambiar de tema.
La despedida agradecida: Al finalizar, acompaña a cada invitado hasta la puerta. Agradece sinceramente su compañía. Si la reunión ha sido formal, un detalle de cortesía es enviar un breve mensaje de agradecimiento al día siguiente, reforzando el vínculo creado.
