El Barrio porteño de San Telmo, viene a resultar por sus construcciones centenarias muchas de ellas; sus callecitas empedradas que rememoran el movimiento y auge de tiempos pasados; el aire bohemio que en el se respira, invadido de arte, galerías y museos; la atmósfera vintage y sitios referenciales de la historia local de la capital argentina, en un simil del Montmartre parisino.
Sitio obligado para el turismo local y extranjero, resulta una torre de Babel por la variedad de acentos que se entremezclan en sus bares, centros de antigüedades y callecitas evocadoras de tangos y milongas.
Justo en una de esas calles típicas, encontramos una joya antigua muy especial por su historia y arquitectura, el Atis Bar.
Una construcción sumamente variable, que data del año 1890, cómo convento de las monjas de Santa María de la Salud, cuya imagen aún se encuentra en el restaurante bar, con una infinidad de otras imágenes religiosas, vírgenes, angelitos, mezclados con imágenes diversas de dioses griegos y otros, que crean una confusión visual para el visitante.
Incluso todavía, se puede ver una pequeña capilla heredada de ese tiempo en el que sirvió de residencia conventual para estas monjitas tan presentes en la crónica antigua de Buenos Aires.
Muchas plantas, paredes muy antiguas, bancos de piedra oscurecidos por el correr de los años, desgastadas escaleras en un sube y baja de arquitectura multiforme; es un lugar para ser visitado por el valor histórico incuestionable del lugar; convento, luego por años conventillo como se llama en jerga local a las conocidas «casas de vecindad» donde se alojaban por lo general pobres inmigrantes llegados al país, y así sucesivamente hogar de muchas personas de muy diferentes orígenes y condición.
Recuperada como opción gastronómica, es un lugar para pasar un rato rodeados de una atmósfera diferente, tomar unos tragos y comer.
Uno de esos lugares para conocer por sus condiciones de reliquias del pasado.
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