El 25 de septiembre del año 1828, un grupo de traidores al Libertador General Simón Bolívar, entraron a la fuerza en el Palacio de San Carlos, en Bogotá.
La idea era de asesinar al General Bolivar, quien se encontraba resfriado, en su dormitorio, en cama.
La Conjura contra Bolivar, asesinó al Coronel Ferguson, miembro de la Legión británica quien siempre acompañó al Libertador.
Bolívar, con ayuda de Doña Manuela Sáenz, su compañera de muchos años, quien estaba también esa noche terrible en el Palacio presidencial, pudo escapar por una ventana y esconderse toda la noche bajo un puente; lo que terminó de minar su organismo ya enfermo con una irreversible tuberculosis.
Manuela Sáenz distrajo a los magnicidas, logró darle tiempo a Bolívar de escapar y protegerse.

Mientras ésto ocurría en los alrededores de la residencia presidencial, en aquella noche fría, helada, Manuela Saenz fue tratada groseramente, maltratada y golpeada; milagrosamente pudo salvar su vida, con su sacrificio, la de su amado y respetado amante.
Al aparecer al amanecer y enterarse de todos los detalles de esa noche que pasó a ser denominada en la historia como «la noche septembrina», el Libertador, emocionado y agradecido, manifestó a todos los presidentes; el General Rafael Urdaneta y su esposa, su sobrino Fernando Bolívar y demás allegados: Manuela, tú eres la «Libertadora del Libertador», y así quiero que se te conozca de hoy en adelante.
Es así, como ese día, 26 de septiembre de 1828, quedó registrado en la historia, que Doña Manuela Sáenz y Aispurú, la heroica quiteña que tanto amó a Simón Bolívar, es la valiente y respetada «Libertadora del Libertador».
Se lo ganó con su sacrificio, su amor y devoción hacia el gran caraqueño.
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