HISTORIA

Julio Cesar secuestrado por unos piratas

Cuando tenía no más de 25 años Julio César se encontraba navegando por el Mar Egeo, cuando fue secuestrado por unos piratas sicilianos.

Cuando le capturaron, inicialmente pedían una suma equivalente a unos 600,000€ hoy en día, cosa a la que el futuro Emperador romano no hizo mucha gracia, considerando que valía mucho más.

De acuerdo a las crónicas de Plutarco, en lugar de mandar a sus ayudantes a reunir dicha suma, comenzó a reírse a carcajadas, y les demandó a los piratas que elevasen la cantidad del rescate a 1550 kilos de plata, tarea no fácil incluso para el emergente emperador, ya que sus ayudantes tardaron 38 días en reunir toda la suma del rescate.

La anécdota como la narra Plutarco y publican en historiaclasica.com dice así:

I. …cuando regresaba fue apresado junto a la isla Farmacusa por los piratas, que ya entonces infestaban el mar con grandes escuadras e inmenso número de buques.
II. Lo primero que en este incidente hubo de notable fue que, pidiéndole los piratas veinte talentos por su rescate, se echó a reír, como que no sabían quién era el cautivo, y voluntariamente se obligó a darles cincuenta. Después, habiendo enviado a todos los demás de su comitiva, unos a una parte y otros a otra, para recoger el dinero, llegó a quedarse entre unos pérfidos piratas de Cilicia con un solo amigo y dos criados, y, sin embargo, les trataba con tal desdén, que cuando se iba a recoger les mandaba a decir que no hicieran ruido.
Treinta y ocho días fueron los que estuvo más bien guardado que preso por ellos, en los cuales se entretuvo y ejercitó con la mayor serenidad, y, dedicado a componer algunos discursos, teníalos por oyentes, tratándolos de ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían, y muchas veces les amenazó, entre burlas y veras, con que los había de colgar, de lo que se reían, teniendo a sencillez y muchachada aquella franqueza. Luego que de Mileto le trajeron el rescate y por su entrega fue puesto en libertad, equipó al punto algunas embarcaciones en el puerto de los Milesios, se dirigió contra los piratas, los sorprendió anclados todavía en la isla y se apoderó de la mayor parte de ellos. El dinero que les aprehendió lo declaró legítima presa, y, poniendo las personas en prisión en Pérgamo, se fue en busca de Junio, que era quien mandaba en el Asia, porque a éste le competía castigar a los apresados; pero como Junio pusiese la vista en el caudal, que no era poco, y respecto de los cautivos le dijese que ya vería cuando estuviese de vagar, no haciendo cuenta de él se restituyó a Pérgamo, y reuniendo en un punto todos aquellos bandidos los mandó crucificar, como muchas veces en chanza se lo había prometido en la isla.